jueves, 24 de julio de 2014

Comprendiendo al prójimo

Bien... Pues... ¿Qué puedo decir? En estos momentos me encuentro esperando un camillero para llevar a mi paciente a una tomografía de cráneo... ¿Porqué todo tiene que ser tan difícil?

Desde que comencé mi internado he querido sentarme y relatar mis aventuras en este año que me espera de arduo aprendizaje (por algo se llama "internado" ¿no?), pero, ya que el tiempo libre que me queda lo uso generalmente para dormir o comer, no había tenido oportunidad de hacerlo... Y precisamente ahora, que llevo casi una hora esperando al bendito camillero, pensé: ¿y porque no empezar a escribir? Creo que será una buena forma de desestresarme y no querer asesinar al tipo que se supone tendría que haber ido por mi paciente ya hace buen rato...

Comenzaré quejándome... Esque... Es imposible no quejarte cuando te pones del lado del paciente y observas la gran cantidad de deficiencias que tiene el sistema de salud, pero no hablemos muy a fondo del tema, simplemente mi ejemplo actual: mi paciente tenía agendada su tomografía a las 18:15hrs, ok, voy por un camillero como a las 18:00 para estar puntuales a la cita... Me encuentro con la novedad de que en camillería están tres susodichos sentados, viendo tele, y al pedirles ayuda me dicen: "hay un camillero que se encarga de los pacientes de TAC (tomografía axial computarizada), ve y búscalo", y yo toda amable de "oh, no lo sabía, muchas gracias, ahora lo busco". Cuando encuentro al tipo este, resulta que está hasta el gorro de trabajo y me dice que lo espere un momento... Como imaginarán... Ya va una hora y media de aquel "momento". ¿Porqué los otros flojos no le pueden ayudar? ¿Por que a él "le toca"? Y yo... Bueno... Con toda la pena del mundo voy a la cama de mi paciente para avisarle a sus familiares que se está tardando un poco el estudio, que hay muchísimo trabajo, pero que en unos momentos vuelvo por ella. Lo que ustedes no saben, ni el camillero sabe, ni sus compañeros flojos de camillería saben, es que estos padres tienen el corazón partido porque hace exactamente 18 días un tren chocó contra la camioneta en la que viajaba su hija, dejándola en terapia intensiva con múltiples traumatismos, con una lesión cerebral tan severa que ahora sólo abre los ojos, no responde a estímulos, ni al dolor, ni a las cariñosas palabras de su madre; tampoco saben que ella tiene 21 años y estudiaba estilismo para en un futuro poder apoyar a sus padres... Todo esto me hace sentir frustrada, impotente, triste...
Por fin llega el camillero, y al platicar un poco con él me cuenta que los compañeros del turno de la mañana le han dejado todo el trabajo a él, que se habían acumulado muchos pendientes y desde que entró no había parado ni un minuto. ¿Porqué no te ayudan tus compañeros? Le pregunto. Porque casi acabo de entrar a trabajar aquí, supongo que no me conocen bien aún y desde el principio han sido así conmigo, aunque ellos estén desocupado nunca me echan la mano.
Entonces también lo entiendo a él... y ahora tengo coraje con la gente que lo ignora... Por Dios trabajamos en un hospital, se supone que nos interesa el bienestar de los pacientes... Pero compruebo que la mayoría de las personas sólo piensan en su bienestar personal...

Ahora tengo un poco de descanso... Y reflexiono... Seré diferente, pondré mi grano de arena para generar un cambio... Es lo que todos deberíamos hacer, pensar en nuestros semejantes, apoyar con lo que podamos, nunca sabremos si algún día nosotros lo podamos necesitar ¿o si? La vida puede cambiar en un segundo, todos nuestros sueños, planes e ideales se pueden ir con un tren. Hagamos las cosas ahora que podemos, sino... ¿Cuándo?... Es mi opinión.

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